4.1. FINANCIACIÓN BÁSICA O PERMANENTE

La financiación básica o financiación permanente está constituida por el conjunto de recursos financieros a largo plazo, esto es, recursos financieros con la característica común de que no son exigibles o reembolsables en un corto período de tiempo. Dado su plazo de permanencia en la empresa, son recursos normalmente dirigidos a financiar la inversiones permanentes o activos fijos de la sociedad, cuyo plazo de recuperación monetaria abarcará normalmente varios períodos.

La no exigibilidad a corto plazo de estos recursos se debe a dos posibles motivos, que dan lugar a los dos tipos fundamentales de recursos permanentes que existen en las empresas:

a) La no exigibilidad de los recursos, que determina la existencia de los denominados fondos propios o capitales propios;
b)
La exigibilidad, aunque a largo plazo, de los mismos, lo que da lugar a la existencia de los recursos ajenos a largo plazo.

La empresa habrá de buscar, por lo general, que la suma de ambos tipos de recursos, esto es, la financiación básica sea superior al conjunto de los activos fijos o inmovilizado de la empresa, o lo que es lo mismo, que exista un margen o diferencia positiva entre aquéllos y éstos, lo que significará que parte del activo circulante está financiado con recursos a largo plazo, característica determinante de cierta estabilidad o equilibrio económicofinanciero global en la situación patrimonial de la entidad, y que se estudia con detalle en posteriores apartados de este capítulo.

Las cuentas de financiación básica, en general, dada su naturaleza, no tienen un movimiento frecuente; la cuenta de Capital, por ejemplo, en muchas empresas permanece invariable a lo largo de su vida; la Reserva legal, una vez llegado su importe al mínimo legal obligatorio, también suele permanecer invariable; los préstamos a largo plazo, pueden presentar en muchos casos un sólo movimiento anual, etc.

Hagamos un breve comentario a continuación, de cada una de las dos partes o áreas en las que se divide la Financiación básica: 1) Recursos propios y 2) Recursos ajenos permanentes.

4.1.1. Recursos propios.

Los recursos propios, también denominados fondos propios, capitales propios, o pasivo no exigible, son aquellos recursos que reflejan la participación de los propietarios en la empresa, o el importe que de todo lo que posee la misma, en principio, les corresponde.

El importe de tales recursos viene a constituir, por lo tanto, aquella parte de la inversión o de los activos poseídos por la empresa que no se adeudan a terceros, esto es, el patrimonio netamente propio de sus propietarios. Esta realidad se suele reflejar mediante la siguiente expresión algebraica:

ACTIVO TOTAL = PASIVO EXIGIBLE + RECURSOS PROPIOS

Si se quiere reflejar esta expresión de forma más ajustada, teniendo en cuenta qué parte del activo es ficticio, se hará en la forma siguiente:

ACTIVO REAL = PASIVO EXIGIBLE + PATRIMONIO NETO

Constituyendo el Activo real la diferencia entre el Activo total y el Activo ficticio. A los recursos propios se les considera como el Neto Patrimonial de la empresa. En la práctica se suelen identificar los conceptos Patrimonio neto y Neto patrimonial, aunque si se quiere ajustar el contenido de ambos términos, cabría apuntar que la diferencia entre uno y otro hace referencia al Activo ficticio, siendo el patrimonio neto de la empresa igual al Neto Patrimonial (recursos propios) menos el Activo ficticio; ello explica la pequeña diferencia entre las dos expresiones algebraicas antes señaladas, y justifica de alguna forma el uso indiscriminado que se hace de uno y otro término al hablar de estos temas.

Los recursos propios de la empresa están constituidos fundamentalmente, por una parte, por la aportación inicial y posibles aportaciones de los socios o propietarios de la empresa (Capital) y por otra, por los beneficios retenidos o no distribuidos por la empresa (Reservas). También pueden alcanzar una cierta importancia cuantitativa las Plusvalías afloradas por la empresa como consecuencia de la revalorización del inmovilizado.

Existe el caso, finalmente, de fondos dotados por la empresa para cubrir probables gastos o riesgos, que darán lugar presuntamente a las correspondientes obligaciones o pasivos para la empresa, y que pueden considerarse en cierta medida tanto como recursos propios por no haberse realizado todavía la pérdida o el gasto, como recursos ajenos, puesto que se supone va a tener lugar tal pérdida y van a dejar de ser recursos propios. Es el caso de las distintas Provisiones que se contemplan, dentro del Plan General de Contabilidad, en el subgrupo Provisiones para riesgos y gastos.

1. El capital social

El capital de una empresa recoge el conjunto de aportaciones que sus propietarios han llevado a cabo en la misma a lo largo del tiempo, en una o en sucesivas ocasiones, y que permanecen en la misma en un determinado momento. En función de la naturaleza jurídica de la empresa, la cuenta que recoge estos recursos propios, que los propietarios han aportado al correspondiente negocio, puede tener una u otra denominación.

Así, en el caso de las sociedades, sean del tipo que fuere, la cuenta recibe el nombre de Capital social; en el caso de las entidades que no tienen forma mercantil o, en definitiva, ánimo de lucro, recibe el nombre de Fondo Social; en el caso, finalmente, de las empresas individuales, esto es, negocios personales, el nombre de la cuenta es coincidente con el del subgrupo, esto es: Capital.

2. Las reservas

Las reservas de una empresa son recursos propios que la empresa ha ido acumulando a través de tres vías fundamentales, que son las que determinan los tres tipos de Reservas existentes:

a) Reservas procedentes de beneficios retenidos: Estas son las reservas por excelencia, las más corrientes en las empresas, y las que, por lo general, suponen una mayor cuantía en las sociedades, las cuales se habrán ido acumulando a lo largo de los años a través de una retención o no distribución de beneficios por parte de la sociedad.

b) Reservas procedentes de aportaciones de los accionistas o propietarios de la empresa: Es el caso derivado de aquellas ampliaciones de Capital que se hayan hecho por encima de la par, esto es, en las que se haya exigido a los nuevos accionistas una aportación superior al valor nominal de las acciones; esa diferencia o sobreprecio que se les exige por encima del valor nominal es la reserva denominada Prima de emisión de acciones.

c) Reservas procedentes de revalorización de activos: Es el caso de las plusvalías o revalorizaciones experimentadas por bienes de la empresa, normalmente inmovilizados, y que se han aflorado en un momento dado al balance; es lo que el Plan General de Contabilidad denomina Reservas de revalorización. En cualquier caso, son reservas que la empresa no puede dotar libremente, puesto que el Plan establece que esta afloración de plusvalías y revalorización de los bienes sólo podrá ser utilizada en el caso de disposiciones legales que expresamente lo permitan, tal como ha sido por ejemplo, la normativa legal surgida en 1996 sobre Actualización de Balances. (Real Decreto Ley 7/1996 de 7 de Junio, y Real Decreto 2607/1996 de 20 de Diciembre, sobre Normas para la actualización de balances).

3. Los resultados pendientes de aplicación.

Cuando una empresa obtiene y presenta al finalizar el ejercicio un determinado resultado en su cuenta de Pérdidas y ganancias, ello significará que la empresa, como consecuencia de la gestión realizada durante el período, habrá obtenido un incremento o un decremento de su patrimonio neto, en función de que haya generado beneficios o pérdidas. Si la empresa ha obtenido beneficios, antes de que éstos estén distribuidos entre los distintos partícipes, la cifra correspondiente a los mismos habrá de figurar en el balance, concretamente en la cuenta de Pérdidas y ganancias.

Puede darse el caso de que la empresa haya distribuido sus beneficios y haya dejado una parte de los mismos dentro de los recursos propios, pero sin llevarlos definitivamente a reservas, sino pendientes de adscripción; éste será el caso en el que habrá de utilizarse la cuenta de Remanente.

Puede ocurrir, por otra parte, que la empresa haya tenido pérdidas durante el ejercicio, y estas pérdidas podrán estar, en principio, en la cuenta Pérdidas y ganancias; pero dado que esta cuenta va a tener que ser utilizada de nuevo para recoger los resultados que se vayan generando en el ejercicio siguiente, lo más lógico será almacenar esas pérdidas, en espera de su destino final o su saneamiento, en una cuenta que el Plan General de Contabilidad denomina Resultados negativos de ejercicios anteriores.

4.1.2. Recursos ajenos y otros pasivos a largo plazo.

En cuanto al origen de las deudas a medio o largo plazo de una empresa, se pueden señalar dos causas en el surgimiento de las mismas: A) la entrada de determinados bienes en la empresa; B) la entrada de dinero en la misma.

A) La entrada o adquisición de bienes, no pagados al contado, sino a crédito, con un plazo superior a un año, determina el nacimiento de las correspondientes deudas a largo plazo. Este caso se podrá dar por lo general, en la compra de bienes de equipo o inmovilizados. El Plan recoge estas posibles deudas en el subgrupo "Proveedores de Inmovilizado", siendo por lo tanto deudas que darán lugar a una corriente financiera futura, originadas en una anterior corriente "real" (entrada de bienes)

B) El origen de las deudas a medio o largo plazo puede, por otra parte, radicar en una anterior corriente financiera o cobro; esto es, una entrada de dinero cuya necesaria devolución determinará otra corriente financiera de salida o pago. Es el caso más frecuente en el exigible a largo plazo: deudas por recursos monetarios captados anteriormente; se da, por tanto una doble corriente financiera, la inicial de entrada, y la posterior o posteriores de salida. A continuación analizamos con algo más de detalle este tipo de recursos financieros.

1. Empréstitos

Los empréstitos constituyen una financiación que proviene de las diversas aportaciones monetarias de un importante colectivo, por lo general, de personas físicas o jurídicas (empresas). Así, un empréstito, supone una operación por la cual una empresa recibe "prestada" una cantidad de dinero normalmente importante, proveniente de todo ese colectivo de personas, que se convierten así en obligacionistas, puesto que a cambio de su aportación y durante el tiempo que dura la misma, reciben un título que se denomina "obligación". Estos títulos suelen tener un valor nominal fijo y concreto que acredita la aportación a la empresa del correspondiente importe por parte del obligacionista. Se trata, por lo tanto, de una especie de préstamo fraccionado en pequeñas partes alícuotas que vienen representadas física y jurídicamente por las denominadas obligaciones.

Los empréstitos, por lo tanto, constituyen una vía de acceso directo por parte de las empresas al público en general, evitando así la intermediación de las entidades financieras. Ello puede resultar ventajoso, por una parte, para la empresa, puesto que puede conseguir financiación a un coste por lo general inferior al que le supondría obtener dicha financiación de un banco o intermediario financiero; por otra parte, puede resultar ventajoso asimismo para el público que suscribe las obligaciones de la empresa, puesto que puede colocar sus ahorros o excedentes monetarios en unos títulos o inversiones financieras que pueden ofrecer una mayor rentabilidad que si colocaran ese mismo dinero en un Banco.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que, de hecho, las emisiones de obligaciones quedan reducidas a las empresas de una cierta dimensión o tamaño, ya que los gastos de instrumentación jurídica, de formalización, de publicidad, etc., suelen ser altos, y únicamente pueden disminuir en términos relativos en los casos de emisiones muy grandes, que por lo general sólo necesitan las grandes empresas, quedando muy limitada esta fuente de financiación por las pequeñas empresas, ya que los gastos que conllevarían, en proporción a las cantidades menores que éstas necesitan, representarían unos costes proporcionalmente altos que harían desfavorable, en términos competitivos, la utilización de este tipo de recursos financieros.

Por otra parte, las pequeñas empresas no tienen la facilidad que tienen las grandes empresas para acceder al público, a los mercados monetarios, etc., aparte de lo relativo a la confianza que el público podría depositar en una empresa pequeña, que sería en todo caso menor que para las grandes empresas, las cuales pueden tener un patrimonio muy importante que garantice o respalde en mayor medida la devolución de las obligaciones para los inversores.

2. Prestamos y otras deudas a largo plazo

Dentro de los restantes recursos ajenos a largo plazo pueden distinguirse fundamentalmente dos tipos de recursos en función del origen de la deuda: a) aquellas deudas derivadas de la entrada de bienes en la empresa, y b) aquellas deudas, anteriormente mencionadas, derivadas de la entrada de fondos monetarios en la sociedad. En el primer caso, la deuda se deriva del crédito concedido por los vendedores de determinados activos, normalmente inmovilizados, que son aquéllos que más lógicamente, en principio, se suelen financiar a largo plazo.

El otro caso, el más común y cuantitativamente más importante en las empresas, es el de las deudas con entidades financieras o con personas, derivadas de la recepción, por parte de la empresa, de fondos entregados por aquéllas y que lógicamente habrán de restituirse al cabo del tiempo, en este caso, con un horizonte temporal a largo plazo. Estas deudas se recogen en la partida Proveedores de Inmovilizado a largo plazo.

También se pueden considerar, dentro de este tipo de financiación, la figura de las fianzas y de los depósitos recibidos a largo plazo que, aunque por lo general no se dan frecuentemente en la mayoría de los sectores, sí pueden ser figuras típicas y usuales en determinados sectores empresariales, pero que en cualquier caso no suelen tener una importancia cuantitativa fundamental dentro de la financiación ajena a largo plazo.

3. Ingresos a distribuir en varios ejercicios

Los ingresos a distribuir en varios ejercicios, asimismo doctrinalmente denominados "ingresos diferidos" o también "beneficios diferidos", suponen ingresos que probable o ciertamente se van a imputar en la cuenta de Pérdidas y Ganancias en uno o varios períodos posteriores, y en espera de que esa imputación tenga lugar, de una vez o en varias ocasiones, las cantidades correspondientes quedan "almacenadas" en el Balance de situación.

Se trata, por lo tanto, de ingresos o beneficios futuros probables o ciertos, y, en consecuencia, probables futuros recursos propios que, en tanto en cuanto llega el momento de su imputación a resultados, y su presunto traspaso al patrimonio neto de la empresa, permanecen en el pasivo del Balance adscritos a estas cuentas de ingresos diferidos, a la espera de su probable incorporación al neto patrimonial de la empresa.

4. Las provisiones para riesgos y gastos

Las provisiones para riesgos y gastos tienen por objetivo fundamental, según la legislación mercantil, cubrir determinados gastos, pérdidas, o deudas, probables o ciertas, pero cuya fecha o cuyo acaecimiento son indeterminados. Son provisiones de pasivo, distintas a las provisiones más frecuentas, las provisiones correctoras de activo, las cuales, aun teniendo saldo acreedor, se presentan, por lo general, en el Activo con signo negativo.

Se trata, por lo tanto, de cuentas que van acumulando unos determinados importes de cara al futuro, y que al hacerlo van imputándose como gastos en la cuenta de Resultados, esto es, va disminuyendo el saldo esta cuenta, o lo que es lo mismo, reteniendo desde el principio un posible resultado, para así constituir un fondo con el cual hacer frente a esa obligación, pérdida, o gasto a la que tendrá que responder la empresa en un futuro mediato o inmediato.